En la historia de la humanidad las guerras nunca han dejado algo bueno, por el contrario, sus efectos son cada vez más devastadores.
La guerra recién desatada en Irán, más allá de sus enormes concecuencias destructivas en la región, está generando otros efectos devastadores en todo el mundo. Uno de ellos es el alto riesgo en el abasto alimentario.
La zona del conflicto es altamente estratégica en el comercio mundial de los fertilizantes nitrogenados, que son la base de la nutrición vegetal en el actual modelo intensivo de producción agrícola. Se estima que el 40% de la urea (principal fertilizante nitrogenado que se consume en el mundo), pasa por el Estrecho de Ormuz, situado en pleno centro del conflicto.
Por otro lado, estos fertilizantes demandan un gran uso de gas natural para su elaboración (el 80% de su costo lo representa este insumo). Como consecuencia del conflicto, el gas natural ha incrementado su precio en más de un 50% en lo que va de este mes. Todo esto ha llevado a que un número muy significativo de plantas que producen fertilizantes hayan parado su producción. Obviamente, todo esto impacta en el precio de este insumo. En la última semana, el precio de la urea se ha incremetado más de un 30%, y se espera que este incremento llegue al 100% para el próximo mes, pasando el precio por tonelada de 480 a 1,000 USD.
La aparición de esta crisis coincide con el inicio del ciclo agrícola Primavera-Verano (P-V), que es el principal ciclo de producción de alimentos en el mundo. Así, el abasto alimentario tiene que enfrentar precios deorbitados del principal insumo necesario para la producción, además de su inminente escasez.
Hay que recordar que, en el caso de México, la producción en el ciclo P-V, representa más del 70% de la producción de alimentos básicos. En este caso, el precio de la urea, que se cotizaba en aproximadamente 10 mil pesos por tonelada, al día de hoy se cotiza en el orden 15 mil pesos.
Lo paradógico de esta crisis es que, disponiendo de alternativas viables y desebales, sigamos dependiendo del uso de insumos altamente costosos, ineficientes y contaminantes, como es el caso de los fertilizantes nitrogenados.
Una de las alternativas con un soporte científico sólido, por largo tiempo estudiado y comporbado, como es la fijación biológica del nitrógeno (FBN), que es el uso de microorganismos que se asocian con las plantas y tienen la capacidad de fijar el nitrógeno atmosférico (N2) y transformarlo en amonio (NH4), que es la forma asimilable del nitrógeno en el mundo vegetal. Además, el uso de estos microorganismos tiene un gran número de beneficios ampliamente documentados, como es el de ayudar a las plantas a tener mayor resistencia a plagas y enfermedades y, en especial, ayudan a regenerar las condiciones físicas, químicas y microbiológicas de los suelos, aumentando el secuestro del CO2, lo que representa la forma más efectiva para el combate al cambio climático.
A finales del siglo XIX, se dieron a conocer los primeros resultados científicos de la FBN. En 1890, ya se explotaba comercialmente esta tecnología en la agricultura. En el 2026, un nuevo shock de los fertilizantes nitrogenados vuelve a poner en jaque la seguridad alimentaria mundial, aún contando con alternativas económica y ecológicamente viables desde hace más de un siglo, que pueden terminar con nuestra dependencia a estos insumos. Absurdo, ¿no?




