¿CAMBIO O COLAPSO CLIMÁTICO?

EL RETO ALIMENTARIO

Escrito por MARCEL MORALES


Se dice que la definición de un problema, en buena medida es su solución. En la medida en que el planteamiento del problema sea ambiguo, o no lo suficientemente claro, las soluciones no aparecerán y la gravedad se incrementará.

El cambio climático, sin duda es el problema más álgido que estamos enfrentando como sociedad. A pesar de que se viene planteando desde mediados del siglo pasado, conforme pasa el tiempo, lejos de disminuir, el problema se agrava y las soluciones todavía se tornan distantes.

¿Será que no hemos podido, no hemos sabido o no hemos querido plantearnos el problema con toda claridad?

¿Por qué insistir en seguir llamándolo “cambio climático” cuando lo que tenemos enfrente es una catástrofe, crisis o colapso climático?

Si digo: mi casa está en llamas, es muy diferente a decir: mi casa está cambiando.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ironizando la ausencia de soluciones ha dicho: “no podemos salvar un planeta en llamas con una manguera de combustibles fósiles.” Sin embargo, el mismo Guterres, con tono de esperanza nos dice: “…pero no es demasiado tarde. Se puede evitar el colapso planetario, si actuamos ahora. Disponemos de los conocimientos y la tecnología necesaria para evitar el peor caos planetario”.

Diversos procesos, que tienen que ver con la seguridad del sistema planetario, han venido rebasando los límites de su resiliencia para mantener las condiciones que permiten la vida, según el panel de científicos internacionales especializados en la resiliencia de los diversos ecosistemas, liderados por el Centro de Resiliencia de Estocolmo.

La investigación realizada por este grupo de científicos, dada a conocer en el 2010, ha definido los límites de nueve ecosistemas que determinan los márgenes de la seguridad del planeta, los cuales están estrechamente vinculados e interactúan mutuamente, entre los que se destacan:

  • Cambio climático
  • Biodiversidad
  • Uso de agua dulce
  • Uso del suelo
  • Flujos bioquímicos (N Y P)
  • Nuevas entidades (microplásticos)

En la primera medición de estos ecosistemas, en el año 2009, se encontró que tres ya habían rebasado los límites de seguridad y amenaza, ubicándose en zona que se define como peligrosa: el cambio climático, la pérdida de la biodiversidad y la ruptura del ciclo del N.

El año pasado, 14 años después, se dio a conocer el avance de estos procesos, encontrando que de tres pasaron a seis los ecosistemas en zona de peligro, agregando a los anteriores: uso de agua dulce, uso del suelo y nuevas entidades.

Lo anterior significa que prácticamente todos los ecosistemas vitales para la resiliencia del planeta están directamente comprometidos con la producción agroalimentaria.

Un aspecto que hay que resaltar es que a la ruptura del ciclo del nitrógeno (n), se agrega la ruptura del ciclo del fósforo (p). Ambos representan la columna vertebral del actual modelo de producción agrícola, mediante el uso de los fertilizantes llamados sintéticos.

Por otro lado, en los más diversos sectores hay consenso en que uno de los grandes retos mundiales que enfrentamos en este siglo, es incrementar la producción agroalimentaria en 70% para el 2050. Si bien esto es cierto, no representa la magnitud real del problema. Hay que lograr esta meta, pero hay que hacerlo produciendo de manera diferente: más productiva, pero sobre todo, más sustentable; que frene, incluso que revierta, el proceso de devastación que representa un grave riesgo a la seguridad planetaria, es decir, a su habitabilidad.

En la producción de alimentos, el reto más que cuantitativo es cualitativo, y nos enfrenta a la urgente necesidad de construir un modelo de producción agroalimentaria, donde productividad y sustentabilidad sean parte del mismo binomio. El reto es grande y complejo, pero como dice el secretario general de la ONU, contamos con un sólido aliado para enfrentarlo: el amplio instrumental científico y tecnológico disponible, que nos permite la construcción de alternativas viables y deseables, como es el caso de la biotecnología, entre otras áreas del conocimiento, que nos permiten contar con biofertilizantes microbiológicos, control biológico de plagas y enfermedades, uso eficiente del agua, regeneración de los suelos y mayor capacidad del suelo para secuestrar CO2.

Podemos decir que el verdadero reto está en lograr incorporar estas alternativas acelerada y masivamente al campo de la producción agroalimentaria. Estamos obligados a construir un eficiente modelo integral de transferencia de tecnología, donde ciencia, tecnología y producción, interactúen de manera dinámica.